Primer día «on»:
Llevaba toda la semana acumulando ganas de viajar y hoy el orgasmo ha sido exponencial. Me di cuenta al sorprenderme cantando la de «voy camino Soria», del Caligari ya sabéis, cuando en realidad voy camino Valladolid juas!, con parada en mi querida Portugal claro!.. y así todo el tiempo rememorando viejos éxitos de mi infancia que no vendría al caso enumerar, pero que demostraron las verdaderas ganas que tenía de pillar carretera y tirar y tirar indefinidamente. Y así fue que mi primera parada desde que salí de Compostela, la hice ante el paupérrimo cartelito que anunciaba mi inminente cambio de país.
Hasta ese momento disfruté como un cochino, unas veces mas cochino que otras, pero en general, la ausencia de tráfico por los municipios «secundarios» por los que había ideado la ruta, me proporcionaron un paseo de lo mas relajante con broche final. La carretera que desde Verín te catapulta a la A Gudiña y que luego continué hasta las mismísimas puertas lusas, que se traduce en un buen puñado de serpenteantes kms que dan razón a un viaje en moto. Me refiero a tal sucesión de curvas que abstraen de cualquier otro pensamiento mundano mientras esperas que nunca acaben. Si en ese momento, en plena trenzada, entre lazo y lazo, una voz redicha me preguntara aceleradamente por mi nombre, titubearía como un tonto… y acabaría contestando: «arcén» o alguna otra palabra relacionada con el juego que me ocupaba.
Luego llegó la noche. Con lo que me gusta a mi la noche a pie y lo poco que la disfruto en moto oiga!, pero es que aún por encima mi «tranganillo» no alumbra, así que no me quedo mas remedio, farolillo en mano, que ir a tientas superando las dificultades que tiene el rodar por una carretera portuguesa de montaña invernal asolada por legiones de hojas húmedas a ambos flancos, que habiéndose hecho fuertes ganaban terreno a lo transitable por minutos, mientras esperaba que mi destino me saliera al paso.
Dos cosas hacen que valiera la pena el paseo por la penumbra. La primera de ellas, un tramo en el que la escuálida pista discurre sobre la cresta de la montaña mas alta del lugar, proporcionando la sensación, al no ver mas que pista y cielo, de ir surcando el aire. En serio, sin psicotrópicos. Una pasada!. La otra unos tres o cuatro corzos que se me cruzaron con suficiente margen para no asustarme, brincando con sus graciosos traseros blancos acabados en puntiagudo rabo. Una cucada la verdad. Ah! Otra cosa buena es que me apunto una de las pistas mas «ready to race» para mi tranganillo de las que nunca he catado. Así que me queda pendiente una visita más por esta zona, que ya será en verano claro!.
Hoy duermo en Bragança después de una deliciosa tarde de viaje y mañana más, y muy distinto.
Segundo día «off»:
Ya hace algún tiempo que pensaba en una jornada íntegramente “off road” y había decidido aprovechar la escapada a Pingüinos para que uno de esos días fuera más allá de lo asfáltico.
Me desperté en Bragança –Portugal-, una preciosa villa del Noroeste luso, abrazada por una geografía perfecta para la práctica de lo que tocaba. Desayuné con tranquilidad mientras me veía la etapa del Dakar para ir entrando en materia jeje. Me tiré unos buenos cuarenta y cinco minutos en ponerme de romano, hacer la mochila y arrancar, pero es que lo último que quería era un día con prisas y ya me conozco. A ver, como bien he dicho hoy tocaba “fuera pista” y en solitario las prisas son poco recomendables. Viajar solo me encanta, pero la precaución y la cabeza fría es algo que puede evitar ese mal trago que ninguno queremos en estas circunstancias. Una mala caída en medio de ninguna parte puede echar por tierra muchas ilusiones por no ponernos trágicos. Hay que tomar los riesgos justos y evitar tensiones es algo esencial para no empezar cometiendo errores, que aún así se sucederían, pero sin mayor consecuencia.
La mañana estaba fresca y las pocas nubes que asomaban eran suaves y gentiles, así que la lluvia no sería de esperar.
Las colinas y valles se fueron alternando para hacerme el paseo de lo más ameno; los riachuelos cruzando los caminos se convirtieron en algo de lo más habitual, y tanto que en ocasiones inundaban el “track” para agudizar mi concentración si no quería ver mi moto con el agua al cuello.
Desaparecieron las nubes dejando paso a un tenue pero de agradecer sol invernal. Nada podía ser mejor que estar allí devorando kms de caminos embarrados, surcando lagos y conociendo una parte de Portugal que llevaba tiempo llamándome por el nombre. Así que la confianza se fue apoderando de mí de manera sutil, sin darme cuenta, hasta que la cuenta se materializó de golpe. De golpe y porrazo contra el suelo.
No fue en una curva rápida ni haciendo el cabra. Fue prácticamente en recta. La rueda trasera no consiguió salir de una rodera por culpa del huidizo musgo y me adelantó por la izquierda. Cuando me dí cuenta de que tenía la moto completamente de lado ya era demasiado tarde. Me disparó a unos tres metros de distancia como quien tira una piedra y allí estábamos ambos tendidos sobre lo verde, mirándonos a los ojos conocedores de lo que acababa de suceder.
Un espejo roto sería el saldo total, así que continué sin mayor problema, pero con mucha más precaución, consiguiendo frustrar tres intentos más de la trasera por hacerse con la cabeza del conjunto, cortando gas a tiempo claro!… pero en otra ocasión y después de un par de horas más de paseo, volvió a suceder en las mismas circunstancias que la anterior, pero esta vez ni cortando gas conseguí que la moto se pusiera en dirección opuesta a la deseada y zas!.
Antes de llegar al suelo ya sabía como acababa el cuento. Creo que no estuve horizontal ni por un nanosegundo. Me levanté, hice lo propio con la moto y me piré de allí prometiéndome que otra de esas no me volvería a pasar y así fue.
Soy novato y lo pagué, pero también me ha quedado claro que las ruedas mixtas que calzo no son de lo más recomendable para una jornada completa en esas condiciones, aunque he de decir que tampoco se portaron mal del todo. La delantera, a pesar de ser una tkc80 120/17 cumplió como si fuera de lo más endurera, para lo que yo la exigía claro!, pero la trasera, heidenau k60, parece que no ha cumplido todo lo que se podía esperar de ella, o simplemente he esperado más de lo que está dispuesta a cumplir.
No todo fue caerme una y otra vez, en ocasiones era la moto la única que decidía acostarse sobre lo que coincidiera en cada momento, en inequívoco síntoma de cansancio, pero es que ante un desequilibrio, hacer fuerza para mantenerla en pie me resultaba imposible, o mejor dicho, poco apetecible. Siempre optaba por volverla a recoger cariñosamente del suelo y así fue en alguna que otra ocasión. Era de esperar, si me pasa pateando piedras por casa en salidas de un puñado de kms… en ésta de unos 120 kms íntegramente “off”, no sería menos, y así fue, casi proporcional jeje.
No pensemos que la jornada fue penosa de caídas y sentadillas, ni mucho menos, nada que ver. De lo que más abundaron fueron momentos de esos en los que tocaba decidir.
Bajarse de la moto, reconocer el terreno y afrontar una dificultad o directamente desistir para buscar alternativa y así continuar ruta de manera segura y sin comprometer mi físico ni el de mi moto. Pero he de decir que la alternativa no fue de lo más recurrido y una vez sopesados los pros y los contras y visualizado lo peor que pudiera ocurrir, navegar por aquellos doscientos metros de agua por los estribos, vadear aquel río hasta las rodillas o trepar un desmonte, fueron decisiones que han hecho de la jornada algo en lo que muchas veces había soñado. Una aventura!.
Vimioso y luego Miranda do Douro me vieron pasar. Después tomé carretera para entrar en España y dar señales de vida a la familia, así que en cuanto encontré un menú del día, lo primero que hice fue precisamente eso, llamar, y luego comer como si nunca antes lo hubiera hecho. De postre me devoré los sesos pensando si adentrarme otra vez por lo marrón o claudicar rumbo Pingüinos por lo negro. Pero una vez tomado el café y ya todo en su sitio, hallé la única conclusión lúcida a la que podía llegar. Volvería a tomar el salvaje track hasta que el sol proyectara una larga sombra de jinete y montura en inconfundible ocaso y así fue.
El tramo por tierras zamoranas fue mucho más fácil, seco, y con apenas desniveles, en ocasiones más técnico, pero igualmente encantador entre preciosos bosques, puentes romanos perdidos en cualquier lugar y toros y más toros que lejos de asustarse me veían pasar con ojos de no haber roto un plato.
Con el aviso del sol busqué el asfalto y el resto ya fue gas por la nacional que llega a Zamora y luego Toro y después Valladolid, un asco vamos!.
Portugal nunca defrauda y creo que no tardaré demasiado en hacerme otra escapada por sus frondosas tierras de amables gentes, pero hasta entonces seguir practicando para ir corrigiendo tantísimos errores propios del que está empezando.
http://www.youtube.com/watch?v=FFp6YD5DH40














